Actualidad, o no, de la Sociedad Local Deportiva de Cazadores "Risco del Prado" de Carrascalejo

lunes, noviembre 26, 2007

Desde Amterdam con amor


martes, noviembre 20, 2007

Cara a cara con el jabalí

Estoy preparándome para periodista de investigación. Os dejo un vídeo que grabé el sábado tras la montería de "El Marco", que, por cierto, fue poco productiva para los del pueblo.

La cámara utilizada para captar las imágenes está insertada en el puente de mis lupos, ¿a que nadie se percató? Creo que tengo muchas opciones para ser el próximo Mercedes Milá o Melchor Miralles del momento.



Podemos apreciar como el de la perilla cuenta su primer lance con una pieza de caza mayor. Después los nervios y sus coleguitas diciéndole que si eso es lo que se tiene que sentir, que si no que puede colgar los trastos, que patatín que patatán... mariconadas. La verdad es que por momentos tuvimos las cuchillas en la mano, en fin, la próxima vez será. Por ahora ha tocado pelo que no es poco.

Aunque no lo mataras, enhorabuena por los sentimientos del momento, muchos de los que se llaman cazadores ni se inmutan en esas situaciones y eso es cuanto menos sospechoso

jueves, noviembre 08, 2007

El sueño de todo montero

11/11/2006. Suena el teléfono móvil, es corzowey, descuelgo. Llama para decirme que eche la solicitud para los recechos que sortea la Junta de Castilla y León. Él ya lo ha hecho mediante una solicitud impresa pero dice que por Internet se puede hacer. Entro en la web www.jcyl.com y busco el enlace que me lleve al formulario de solicitud. Meto mis datos, pulso siguiente y me aparece una hoja con mis datos y el número 390. ¿Ya está?, pensé. Imagino que sí, por si acaso me guardo el documento en mi pc.

Enero/2007. El quince se efectúa el sorteo, aún no sé ni cómo funciona. Ese día o más tarde me llama corzowey indicándome que ya han publicado las listas, que han concedido doscientos diecisiete recechos y yo estoy entre los agraciados. ¡No me lo puedo creer! Cuando rellené la solicitud parecía que no había hecho nada y ahí estaba, entre los seleccionados. Tenía el número de orden ciento setenta y uno, lo que indicaba que había ciento setenta que elegirían antes que yo, por lo que los mejores lotes, cuando llegara mi turno, ya estarían seleccionados. Al poco tiempo me enviaron las hojas con la especie a cazar, la reserva y la fecha que son los lotes. Mi primera elección fueron los veintiún venaos medallables repartidos por diferentes reservas, los tres primeros, eso sí, los tres que concedían para nacionales de la Sierra de la Culebra. Después los machos no medallables, representativos, primero los de la vertiente sur de Gredos, la vertiente norte y finalmente las Batuecas (que son más feos). La siguiente elección fueron los rebecos no medallables y finalmente los venaos no medallables. Sumando todos los lotes que había seleccionado salían ciento veintiséis, aún me quedaban cuarenta y cinco hasta el ciento setenta y uno pero de los que quedaban no me convenía ninguno. Machos medallables por caros, rebecos medallables idem y para los corzos no iba a echar por lo mismo.

Tras enviarlo pasaron días de espera, de llamadas a la Junta por si todo había llegado bien, de mandarlo por fax y por correo electrónico para asegurarme del todo, hasta que me llegó una cartita. Remitente la Junta de Castilla y León, asunto asignación de lote, sigo leyendo... JODER!!! un macho!!! me ha tocado un macho en Gredos!!! No me lo puedo creer!!! Miro los lotes y veo que es el que había seleccionado en trigésimo tercer lugar, ¡qué cosa más rara! ¡Impresionante! Pues nada, en pleno mes de marzo ya sabía que en noviembre iría ¡a Gredos a por un macho! Aún me sorprendía sólo de pensarlo. Tendría muchos meses por delante para pensarlo, para ilusionarme con la experiencia que se avecinaba, para soñar cómo sería el rececho, cómo me sentiría según se acercara la fecha, cómo reaccionaría al tener delante a esos bichos, en definitiva, ocho meses para saborearlo y disfrutarlo.

Pegamos un salto en el tiempo y nos situamos en el día 05/11/07. Cuatro líneas y ya hemos recorrido un año, ¡qué cosas! Son las once de la noche, tengo todo preparado, aún así lo he repasado veinte veces ya, no se me puede olvidar nada. Comienzo por lo principal, rifle, balas, papeles, prismáticos, ropa de abrigo, comida, trípode. El despertador sonará a las cinco de la mañana, cuando hablé con el guarda quedamos a las siete y media en Candeleda. Doy vueltas en la cama, me levanto, conecto el ordenador, estoy acelerado, respondo a vuestros comentarios como puedo, entro en club caza, en decaza, al blog, club caza, otra vez decaza, me acuesto a ver si soy capaz de dormirme, sé que en cuanto enganche duermo del tirón. Método infalible para combatir el insomnio, leer, pero no hay manera, entre que el libro está en la fase más interesante y mis nervios no funciona. Nada, apago la luz y a contar ovejas, bueno, lo reconozco, conté machos. Al final no sé a qué hora sería, pero cuando sonó el despertador parecía que acababa de cerrar los ojos. No pasa nada, si hubiera sido para ir a trabajar ya hubiéramos visto, pero siendo así... pa’lante!!!

A las siete y media calvados en la dirección que nos habían dado. Presento los papeles, todo en regla, todo correcto, salimos con un guarda que nos llevará al encuentro con otro que nos está esperando en El Arenal, a unos treinta kilómetros de Candeleda. Las pertinentes presentaciones, parece que no hay mucha prisa, nos tomamos un café y un chupito de hierbas (¡no tenían limoncillo!). Cargamos los aperos en el Land Rover y caminito de la sierra. Aquí estoy, aún no lo he asimilado, después de ocho meses aún no me lo creo, pero es verdad, un año después estoy subiendo la sierra de Gredos ¡¡a por un macho!! Calma, calma, hay que aplacar los nervios y la emoción, ¿cómo? Es sólo un bicho más, como si tiro a una oveja, ¡seguro!, ¡¡un macho montés!! joeeee, mi estómago parece que intenta aligerarse, me pasa igual cuando siento una ladra directa hacia mi postura.

El refugio. Al fondo el pico donde vimos los tres primeros.


Llegamos al refugio, a mil cuatrocientos metros de altitud, son las nueve, saco el rifle, me cuelgo los prismáticos, mochila a la espalda, lleno el cargador (en la recámara no se meten las balas hasta la hora de disparar), el jersey pasa de cubrirme a la mochila ya que la temperatura es muy agradable y cuando comencemos a andar va a estorbar. Todos preparados, todos listos, mi padre y yo embargados por la emoción, dispuestos a disfrutar de cada centímetro caminado, de cada mirada al incomparable paisaje, de cada brizna de aire respirada. Comenzamos a caminar.

Las tres primeras


La senda es suave, apenas se nota que vamos hacia arriba. No hemos caminado media hora cuando vemos las primeras cabras, se trata de tres machos jóvenes, están en lo alto de unos riscos que quedan a la derecha a unos setecientos metros de nosotros. No hay ninguno que convenza a los guardas así que continuamos. El objetivo es llegar a lo alto donde suele habitar un gran rebaño con varios machos. Cuando íbamos a media ladera vemos el rebaño, están muy lejos, pero se pueden diferenciar los machos de las hembras. Sobre todo dos que negrean más, están tumbados, bastante lejos uno del otro. El rebaño está muy esparcido y consta de muchas hembras y machos jóvenes. Parece que uno de los negros le gusta a los guardas, sacan el telescopio y deciden que es el que tengo que matar, es el más grande de todos. Yo lo veo pero con los prismáticos no puedo apreciar si es o no tan bueno como dicen, pero ellos son los que saben así que, ese será. Deciden que la mejor forma para entrarlos es llegando a unas peñas que quedaban a unos ciento ochenta o doscientos metros del rebaño y a cuatrocientos de nuestra posición. Para ello tenemos que salirnos de la verea y subir bastante. Ahí, ahí, vamos a darle vidilla a esto. Por fin llegamos, pero quedan más lejos de lo que habíamos previsto así que decidimos subir hasta lo alto y rececharlos desde allí. Mi padre los hizo una observación, y no era otra que el aire picaba hacia abajo y cuando llegáramos hasta arriba se iban a espantar. Aun así debíamos arriesgar pues era la única forma de acercarnos sin descubrirnos. ¿Qué pasó cuando llegamos a lo alto? pues que se rechiflaron unas hembras que había a unos cien metros. No cogieron aire de lleno ya que la huída fue lenta, se fueron rebajando poco a poco, los guardas no perdían de vista al macho, nosotros aún no lo habíamos visto porque no nos habíamos asomado. De repente veo uno negro impresionante, se lo digo al guarda, le mira con los prismáticos y me dice, bah! ese no es nada comparado con el que va para abajo. Se me pusieron los ojos como platos, ¡madre mía! Pero chicos, ¿recordáis que me tocó un no medallable?, pensé. La verdad es que nunca antes había visto esos bichos en vivo y no sabía apreciar, pero me pareció enorme. Se trataba de uno de los dos machos negros que veíamos tumbados la primera vez. Unos seiscientos metros más abajo se habían parado hacía ya un rato. Ahí ya vi el que decían los guardas que debía matar. Me pareció muy grande, mucho más que el otro, pero estaba muy lejos y mi vista me podía engañar. Eran las once y media, decidieron que comiéramos un poco para darlos tiempo y esperar a que se tumbaran por allí. A las doce seguían rondando el mismo lugar así que ese lugar iba a ser el elegido para la siguiente entrada. Pero ¿por dónde?

Desde lo alto


Teníamos dos opciones, bajar por un barranco que teníamos delante y asomar a unas peñas que se encontraban en una lomilla que había delante de su ubicación o caminar por lo alto hasta un pico de la sierra del que bajaba una cuerda llena de peñascos y bajar tras ella para no descubrirnos. Tras esta cuerda, sierra adelante, había otro barranco inmenso, similar al que teníamos bajo nuestros pies. La pega de la primera opción era que si el grupo decidía quedarse donde estaba la distancia a la que asomaríamos sería de unos trescientos y pico metros; y desde ese tiradero no podríamos acercarnos más porque nos descubriríamos demasiado y nos verían. La pega de la segunda opción era que tardaríamos más y en ese tiempo podrían desplazarse mucha distancia. Finalmente optamos por continuar por la sierra adelante y descender por el otro barranco. Cuando dimos vistas al mismo, a unos setenta metros se levantó un macho bastante apañadete seguido de otro más joven y un par de hembras. Al espantarse silbaron igual que las muflonas, oye, no sabía que hacían igual. En el otro barranco había otro buen rebaño tumbado entre las peñas en el que destacaba un buen macho, que según los guardas no tenía nada que ver con nuestro objetivo. Joe, yo alucinaba, tres machos que me habían parecido grandes y ellos seguían diciendo que el mío lo era más, ya digo, alucinaba. Asomamos a unos cuatrocientos metros del rebaño y se habían desplazado un poco más abajo de donde estaban mientras los veíamos desde lo alto. En ese momento lo más fácil hubiera sido bajar por ese lado puesto que el terreno por la otra parte estaba impracticable, pero bajando por aquí nos iban a ver en cuanto descendiéramos unos metros, así que otra vez por detrás y a agarrarse a las orejas. Tras sudar un ratito en la bajada y algún que otro susto en forma de resbalón llegamos al punto que teníamos previsto desde que comenzamos la entrada, habiendo pasado dos horas.

El tiro certero


Tendidos sobre unas rocas, los guardas localizaron al macho, uno de ellos se volvió indicándome que cargara el rifle, ¡¿YA?! ¡¡Madree!! no me lo puedo creer, ha llegado el momento. Me asomo reptando sobre la roca, me ponen una chaqueta para que apoye el rifle, busco acomodo, el bicho está tranquilo, tras una hembra en celo. Lo meto en la mira, se pone uno joven delante, me espero, da unos pasos, se descubre, es el momento, le tengo bien apuntado ¡¡PUM!!, no ha caído, echa a andar, el resto sale corriendo, no se ha visto el tiro en el suelo, le he pegado, pero de repente comienza a correr tras sus compañeros. ¡¡No le he tropezao!! Pero si lo tenía en la cruz!! Con rabia y desconcierto le sacudo el segundo tirascazo según va corriendo, esta vez veo que se va alto. ¡A CRIAR! Me cago... Todo el grupo se guarda tras un rasante que hacía el terreno a unos cincuenta metros delante de nosotros. Uno de los guardas sale corriendo hacia abajo y me dice que le acompañe, cojo balas (sólo me quedaba la de la recámara), mientras bajamos tan deprisa como el terreno nos lo permite, por lo visto al guarda se lo permitía mejor que a mí, ya que llegó bastante antes, iba cargando el rifle, llegamos a otras peñas, las que nos impedían ver desde arriba. El rebaño está aparentemente calmado pero en guardia. Localizamos de nuevo el macho y otra vez a apuntar, tapado por un piorno sólo le veo la cabeza y el cogote, espero a que se descubra, está rodeado de machos jóvenes, avanza unos metros, se queda sólo, totalmente atravesado ¡¡PUM!! Sale polvo al otro lado del macho. El guarda dice que se me ha ido alto y yo digo que va pegao, por cojones. A correr se ha dicho, pasan detrás de una peña y salen por el otro lado, ay amigo, pero el negro no sale. Y no sale, y no sale, ese está muerto allí detrás, seguro. Bajamos y allí estaba con un tiro mortal que entró rozando el hueso de la paleta izquierda a la altura del codillo y con la salida por el lado derecho del esternón.

Ahí cayó muerto


Momento de alegría y satisfacción. Felicitaciones, agradecimientos... Mediciones... mediciones... mediciones... Subimos al macho a una peña para las fotos, comemos un poco, desuellan la piel para disecarlo y caminito para el coche. Cuando llegamos al mismo ya eran las cinco de la tarde.

Con los deberes hechos


De vuelta


Me queda un gran recuerdo de la cacería, del paisaje, de mi padre que sube y baja por donde le pongan, mejor que yo (imagino que no lo dudabais), de los guardas y de los sentimientos que se han generado en mí según han ido pasando etapas de este impresionante rececho. Primero seleccionando los lotes, soñando con que me tocara un buen pavo o un macho montés. Segundo cuando me llegó la carta y vi que me había tocado un macho, no os imagináis los saltos que pegué esa tarde. Tercero ese largo periodo en el que día tras día he pensado, aunque haya sido durante un minuto, en cómo sería esta aventura. Cuarto, las fechas previas y sobre todo el día anterior, cuando casi ocupaba por completo mis pensamientos. Quinto, el momento, el desarrollo del día “D”, el viaje con mi padre, la llegada, conocer a los guardas, charlar con ellos, subir en el Land Rover hacia la sierra de la ilusión. Sexto el avistamiento y acercamiento, el rececho. Séptimo, el momento del disparo, la adrenalina, la incertidumbre. Octavo, el bicho muerto, el descanso, la satisfacción. Y noveno e igual de importante, compartirlo con todos vosotros.

Cuando la caza no me genere alguno de los sentimientos descritos en este último párrafo lo dejo.

Actualizo hoy 12/11.

Se me olvidó agradecer a corzowey que me ayudara a poner el rifle a tiro, es un verdadero especialista. MUCHAS GRACIAS!! Cobra 50€ si estáis interesados.

miércoles, noviembre 07, 2007

Toda una experiencia







Ya os contaré, ya.