¿Reiniciamos?
Ya estamos casi todos de vuelta a la rutina, aún nos queda San Mateo, como siempre, ¿quién eligió como patrón de Carrasca a San Mateo? Por fecha lo clavó, es idónea, no podría ser mejor, siempre que terminamos las vacances nos queda el regustillo de la celebración de las fiestas, ¿verdad? La conversación del viaje de vuelta se asemeja a: “Mañana a madrugar otra vez, joder, y así todo el invierno, además este año no hay puentes. Bueno, aún quedan las fiestas.” ¡¡VIVA SAN MATEO!! Una cosa, ¿no se parece esto a lo que escribí el año pasado por estas fechas? ¿Será que me repito cual revista de caza con las portadas cada temporada?
La última vez que escribí fue acerca del corzo y ya estamos en tiempo de berrea. Ha transcurrido todo un verano con salidas nocturnas a dar caza a algún macareno y nos hemos tenido que conformar con ver comer a las jabalinas acompañadas de su prole. Cada vez es más frecuente verlas con dos crías del mismo año pero de distinto tamaño, van con los marranetes nacidos en enero-febrero (lo normal) más otra cría de rayones del mes de julio más o menos. No sé a qué será debido ni tampoco tengo mucho tiempo para investigar pero sería interesante saber el motivo. Lo que sí que había visto hace unos años es que el celo se adelantaba a finales de agosto – septiembre, cuando lo normal es que las hembras se cubran en plena época de bellota. Ojalá un buen berraco hubiera sido el habitual comensal en las frescas noches de este verano, siempre es un gran broche poder dar caza a uno al que has estado siguiendo durante tiempo, al que has podido analizar dentro de lo posible. Ves una huella de tamaño considerable y la primera reacción es dejar volar la imaginación (claro, después de que te salga por la voca, aunque estés solo, un: hostiás!). Parece que le estás viendo comer tranquilamente aunque siempre alerta, un pedazo bicho cano de unos cien kilos, con unas cholas que ni el toro de osborne, le ves hasta los colmillos perfectos, sin despuntar, largos y anchos, anchísimos. No sé vosotros pero a mí todas estas imágenes se me representan en la imaginación como si los estuviera viendo a través de los prismáticos o del visor. A partir de ahí, cada vez que cuentes a alguien que está entrando uno con buena huella, cada vez que sueñes con el momento de darle caza, en todo momento en tu mente se dibujará la misma imagen del animalito.
Después de esas pajas mentales, reaccionas y comienzas a indagar más por el comedero. Tenemos que buscar si hay huellas de diferentes tamaños, si las hay puede llevarnos a pensar que viene acompañando a una piara (dependiendo de la época del año) o que la piara entra en otro momento de la noche independiente a nuestro objetivo. Si hay otra huella de menor tamaño también puede significar que viene acompañado de un escudero, lo que equivale a que en tu mente el tamaño y sabiduría del macareno aumente sustancialmente. Esto del escudero lo he visto en alguna película pero en realidad no, la verdad. Solo en una ocasión vi dos, uno bastante más grande que otro, pero no sé si se trataba de una de estas parejas o no, porque entraron tímidamente al comedero pero llegó otro por otro lado y se hizo el dueño del lugar, hasta que yo tomé el mando y con un disparo impuse mi jerarquía. También debemos tener presente por donde hace la entrada al comedero, esto es importantísimo para evitar cargar el aire hacia esa zona. Debemos buscar la posición más adecuada, siendo la más socorrida hacerse un puesto en alto, así, en cierta medida, mitigamos el efecto que puede causar nuestro “mal olor” en los hocicos del comensal. Digo en cierta medida porque no es extraño que se aireen aun estando apostado en un chaparro bien alto, muchas veces el aire pica hacia el suelo, si fumáis podréis comprobarlo. Hay que ser cautos con el paso que tenemos hasta el puesto, si nuestro visitante es viejo y sabio merodeará alrededor del comedero antes de entrar a quitarse el hambre para afianzarse de que el lugar está despejado, sin espectadores. Así pues, es altamente probable que si somos descuidados se cruce con nuestra huella y esto de al traste con nuestras ilusiones para esa noche.
Como no, debemos elegir bien las noches más adecuadas (a priori) para la captura. Cada ciclo lunar tiene una serie de noches en las que la luna es conocida entre los esperistas como “luna cochinera”. Deben su nombre a que justo a la hora en que definitivamente se guarda el sol y la noche gana terreno al día, coincide con que la luna está en su punto más alto o cercano al mismo. Además, el cuarto creciente está muy avanzado por lo que la luna tiene un tamaño considerable, más que suficiente para no necesitar otras fuentes de luz artificiales, que, aparte de desvirtuar el acto, pueden provocar la espantada del suido. Es probable que el jabalí se espere a que la luna se guarde dejando la noche en la más absoluta oscuridad, sería una gran faena porque significaría que hasta ese momento habríamos estado ya unas cuantas horas esperando y además nos cogería en bragas porque la linterna seguramente estaría en casa. No suele haber mucho espacio de tiempo entre que la luna se esconde y el alba, además para esas horas ya tienen el hocico en carne viva de hozar hormigueros y buscar alacranes y el hambre los acucia, así que es más posible que entren a pesar de la luna a que se esperen.
A pesar de intentar analizar cada paso, cada movimiento, la entrada, el aire, colocarnos en el lugar más adecuado, elegir “la noche más cochinera” de todas, flotar para no dejar huella (yo es que tengo esa capacidad, ¿no lo sabíais?), comprar balas de punta de plástico, doble núcleo, camisa reforzada, penetrante y expansible, el rifle, un visor de 100 mm de campana, el más luminoso del mercado... a pesar de todo esto digo, llega el momento y no va, ¿por qué? ahhhh, ¿lo sabes tú? O va y se espanta porque la luna se ha reflejado en las gafas o el visor, o de repente cambia el aire y se carga de tu olisco, o, como no le has oído venir, te coge más o menos relajado y se te “escapa” un cuesco, o das una palmadita a un picatel, o mil y una situaciones que pueden llevar al traste con esa soñada noche. El caso opuesto también se da, vas una noche cualquiera, no has ido a mirar si comen o no, si entra uno o varios, vas por ir y te encuentras con que has matado el guarro de tu vida.
¿Cómo van las palomas? Me han chivado que van altas de cojones, ¿no? Yo, si voy algún día es por el desayuno que se prepara luego. Es que en mi cuadrilla lo de llevarse un trozo pan a la boca es sagrao.

