Son las nueve de la mañana y aún no me puedo creer que vayamos a cazar “La Umbría”, ¡¡estamos en Garvín!!, desde que me alcanza la memoria celebramos la reunión en el Bar de Casimiro (Valdelacasa), ahora me resulta rarísimo, parece que sea otra montería. La gente no madruga, no había nadie a las nueve ¿pa qué? pensarán, si hasta que pongan las migas... claro melón, cuanto más tarde lleguemos más tarde pondrán las migas, lo que había que hacer es ponerlas a las nueve de la mañana, el que haya llegado que las coma y el que no ya estará más aperto para el próximo día. Y claro, por la tarde nos parece tardísimo, tienes que oír comentarios como: “es que han tardado mucho en sortear”, “es que los perros han soltado muy tarde”, entonces con las prisas la gente se quiere quitar en cuanto se vuelven los perros. Este año los de la sierra han estado contenidos y han esperado al toque de la caracola, como los venía diciendo al dejarlos en su postura, algo que siempre he hecho cuando he sido postor y no siempre han respetado. Soy el postor de la Sierra, soy postor porque soy un tío responsable, serio, capacitado, respetable y punto. Porque yo lo valgo.
Estoy en un collaete en la sierra, desde mi puesto veo, por un lado hasta el seis, donde hace un alto, y por otro hasta el diez que hace esquina, en total son once puestos. La calle está levantada de pista de los jabalíes, parece que un tractor haya entrado con las vertederas.
Al lío, la cosa comienza flojita, se escuchan los primeros tiros, las primeras ladras pero nada destacable. Delante nuestra (Álvaro me acompaña) sentimos jaleo de bichos pero la dirección del aire nos hace ser bastante pesimistas, aún así al del ocho le saltan dos hembras de muflón y un macho al cual abate a diez pasos. Bueno, éste ya se va contento pienso. Al momento otros dos mufloncetes que no tiran ni siete ni ocho. El del seis tira a una zorra. Va pasando la mañana y la cosa sigue más o menos, pocos tiros, aunque las ladras son más frecuentes y largas pero no consiguen que las reses salten a los cortaderos. Al rato unos perros se vuelven con una ladra, cada vez están más cerca, suenan muchas cencerrillas aunque sólo dos o tres vienen jipando, vienen cerca de la calle, pasando por detrás de los puestos a unos treinta metros entre el monte, ya han pasado del ocho (estoy en el nueve) cada vez se acerca más a la calle, el tropel es claramente de guarro, estoy encarado esperando que salte, los perros suenan muy cerca, las cencerrillas parecen campanas, el corazón golpea con fuerza, parece Carlitos con la caja, mi pulso se ha disparado hasta las 10000 pulsaciones, aún así mantengo el rifle firme sobre el hombro, parece que se ha desviado y no va a salir, me desencaro, bajo el rifle para concentrarme en el oído y de repente se presenta en la calle como un tiro el bicho, cuando le meto en el visor ya está casi en el monte, no le tengo bien apuntado, pero aun así disparo. Tengo muy claro que no le he pegado, el tiro ha ido entre las patas traseras. A criar, por gilipollas. Ahora lo escribo más calmado, pero en ese momento estaba encendiíto, por capullo, por confiarme, por bajar el rifle cuando no debía se me fue el guarro. Joder, si es que lo estoy contando y me pongo malo sólo de acordarme.
Bueno, pues se fue y na más, ¿qué le vamos a hacer? Acto seguido un guarro entre el seis y el siete, pum, pum... a criar. Al rato otro entre el siete y el ocho, pum, pum, marchole. De repente el del ocho se encara apuntando al otro lado de la calle, parece que ha oído algo en la solana, se va girando hacia nosotros, me encaro yo también cuando un marranete de unos 50 kilos salta desde el otro lado a unos veinte metros del otro pero no le tira, justo cuando se mete al monte empiezan a pasar marranillos coloraetes, uno y otro, otro, otro, hasta cinco, otros cuatro un poco más grandes y finalmente otra guarra medianeja. Se han ido sin tirar gracias a la prudencia del ocupante del ocho, aunque no hubiera pasado nada si los tira antes de que sobrepasen la mitad de la calle, pero bueno, así nos quedamos más tranquilos. Los sentíamos entre el monte, algunos se acercaron hasta unos diez metros del puesto, a todo esto el aire seguía cargando de lleno hacia la mancha. Yo continuaba esperando a que entrase el siguiente ya que iba a pagar las consecuencias del fallo anterior. En esas estaba cuando siento que se acerca algo, solo, sin perros, el tropel cada vez es más claro, parece de cierva o venao, pero no suena tarameo, ya está muy cerca de la orilla de monte, me encaro, espero el salto de un momento a otro, salta, le tengo en la cruz, bien apuntado, pero es un vareto, vaya, ya nos cruzaremos en otro momento más adecuado (¿en algún rececho cuando tenga 200 puntas?).
Creo que los perros ya han llegado a la traviesa y están de vuelta, verás como dan con los que se hayan quedado “zorreaos” por aquí. Así es, mucho antes de que asome el perrero, los perros que están pa’ya y pa’ca dan con los guarros, seguramente la piara que ha entrado antes desde la solana. Un perro da con ellos enfrente nuestra y sale hacia abajo ladrando tras un tropel de uno de los guarros, mientras los otros se remueven y se aproximan al cortadero, el ocho encarado yo ídem, jaleo de bichos entre el monte, parece que se alejan, suenan casi encima del ocho, ya ves, comienzan a pasar a unos cinco metros del vecino, el primero a tierra y otros cuatro sin tirar porque al poyo se le ha encasquillado el remington (no me gusta nada ese semi), no han terminado de meterse al monte cuando otros cuatro saltan por encima pero también bastante cerca, jeje, el tío seguía tirando de cerrojo. A todo esto el del seis sacudiendo estopa también, no sabemos a qué porque no lo hemos visto (resultó ser un guarro de unos ¿5... 6 kilos? Se llevó mi reprobación a esa acción). Antes de que asome el perrero por el seis saltan otros dos juntos entre éste y el siete, tres tiritos se llevan y cero. Los perros los siguen por la solana cuando al rato agarran uno de ellos, pues va a ser que han tocado a uno, pffff pues ya verás para sacarlo de allí...
Pasa el perrero ya de vuelta, llegando al camión comienza a recoger los perros, recogemos los archenes y para el coche. El del once ha tirado también, el del diez nada, yo he tirado, el ocho, siete y seis ya lo veis, el cinco ha tirado a una piara y se ha quedado con una guarra, el cuatro ha tirado a un guarro, el tres ha matado un muflón, el dos ha tirado a un guarro y el uno ha matado un muflón de dos pelotas que le entraron de unos cincuenta cada una, decía él. Todo esto aireando, repito, para que lo tengáis en cuenta y veáis cómo es la caza de imprevisible. Rompen aireando y sin que los aprieten los perros, claro que si no hubiéramos aireado no quiero ni pensar en el tiroteo que hubiéramos formado allí arriba.
Total en la montería, quince guarros, uno medallable, otro con una boca muy maja (estreno del blaser de corzowey), tres muflones y siete venados, muy grandes de cuerpo pero con poca cuerna, uno de ellos con doce puntas del Máster.
La verdad es que fallé al jabalí por un cúmulo de despropósitos: tenía el sol de cara, me tropecé al girarme, tenía el seguro puesto, no había quitado los tapones del visor, no tenía la bala en la recámara, el visor no está graduado para tirar a veinte metros, el gatillo estaba desmontado... vamos que lo que he contado antes no os lo creáis, lo he hecho para que parezca más real porque sé que esto suena un poco difícil de creer, pero es la verdad, que sí, que sí.
Siento no poner fotos, parece más legible cuando las hay, ¿verdad? Edito: Os dejo una foto de lo que mató Víctor Manué y otra del navajero:


Ah, mirad, me he encontrado por internete:
http://www.blogger.com/profile/09593162500546842925